¡Viva el vacío!

El Museo de Artes Decorativas de Barcelona muestra como el concepto de vacío pasó de horrorizar a Occidente a ser todo un pilar del diseño industrial
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"La cultura occidental, a diferencia de la oriental, siempre ha negado la utilidad del vacío pero, sin él, ni siquiera podríamos leer este texto", reza el plafón que encontramos al inicio de la exposición "La utilitat del buit" (La utilidad del vacío), que se puede visitar, hasta el próximo 4 de mayo, en el Museo de Artes Decorativas de Barcelona.

La muestra cuenta con obras que revolucionaron el diseño de objeto e industrial por su innovador énfasis en el contorno exterior de las piezas. Pero eso no es todo. A través de ella, también descubrimos como la idea de vacío, como algo positivo e incluso útil, vino de Oriente.

Así, mientras el sabio chino Lao-Tse consideraba que es el vacío el que da uso a los objetos o hace posible vivir en una casa, en la Grecia antigua o durante la Edad Media occidental se rechazaba la idea de vacío. Todo lo positivo, como la divinidad, tenía que ver con la plenitud.

En este sentido, resulta muy gráfico el hecho de que Occidente, como remarca la exposición, tomase prestado de Oriente el número 0 para su sistema de cálculo. Antes de importar el 0, no había manera de representar la nada. Sin embargo, la llegada de la revolución científica, hacia el siglo XVII, cambió por completo las cosas, otorgando al vacío el espacio que el tiempo demostraría que se merecía.

Fue vital, en este sentido, la consecución de una bomba neumática capaz de generar el vacío en un recipiente, un progreso concreto y esencial para, por ejemplo, conservar los alimentos. Pero, ¿cómo influyó este ‘descubrimiento del vacío' en Occidente al diseño de objetos'?

En 1899, el belga Henry van de Velde diseñó un escritorio especialmente innovador para el despacho de la ‘Revue Blanche' de París. El resultado final, una mesa con forma de media luna que envuelve al usuario, muestra la importancia que el autor le dio a la línea exterior del objeto, utilizándola para mejorar la ergonomía y estética del producto.

Escritorio de Henry van de Velde, 1899.

En línea con lo que sugería Lao-Tse, van de Velde supo ver que es el vacío el lugar donde se sitúa la persona que utiliza el escritorio y, por lo tanto, tal vez el lugar más útil y un elemento que hay que cuidar especialmente en el diseño. "El valor estético que posibilita el punto culminante en armonía y claridad mental ha de corresponder, junto a los contornos positivos, también a los contornos negativos de los objetos", escribió van de Velde.

En paralelo a este avance, el desarrollo de la fotografía contribuiría a dar una mayor relevancia a la parte externa de los objetos y los cuerpos, algo que salta a la vista en los negativos fotográficos, con los que jugaron, conservando el efecto de imagen invertida en la obra final, algunos artistas de la época.

Y como bien sugiere la exposición del Museo de Artes Decorativas, el negativo es a la fotografía lo que el molde a la escultura y el diseño industrial.

De este modo, en escultura, es destacable el uso del sorprendente ‘moulage sur nature', en el siglo XIX, con autores tan ilustres como el arquitecto Antoni Gaudí. Como era costumbre en la época, Gaudí creó las figuras de la fachada del Nacimiento de la Sagrada Familia a partir de cuerpos de personas reales, que utilizaba como molde.

Moulage sur nature para las esculturas de la Sagrada Familia

Más tarde, en diseño, el concepto de ‘anatomía invertida' -objetos que se adaptan a las formas del cuerpo humano- apareció con la realización de férulas de alta calidad para los soldados heridos en la Segunda Guerra Mundial, por parte de Charles y Ray Eames, en 1942.

La utilización de avances técnicos como el contraplacado de madera, que permitía la obtención de finas láminas de madera curvas y vacías en su interior, hizo posible la creación de estos sofisticados objetos sanitarios centrados, como es lógico, en la ergonomía.

Férula para soldados de la Segunda Guerra Mundial de Charles y Ray Eames, 1942.

Por otro lado, fue precisamente Charles Eames, en compañía de Eero Saarinen, quién protagonizó la exposición ‘Organic Design', realizada en el MOMA de Nueva York en 1941 y que supuso la explosión del llamado diseño orgánico. La muestra de Barcelona expone, en este sentido, destacados ejemplos de las butacas y poltronas creados para la ocasión por Eames y Saarinen.

Se trata de carcasas finas de contraplacado curvado perfectamente adaptadas a las formas del cuerpo, cubiertas por espuma sintética y tapizadas con telas elásticas de colores lisos.

Uno de los diseñadores más radicales en esta tendencia fue Luigi Colani, que atacó con sus curvas voluptuosas, como la de una impactante Chaise Longue que se presenta en la muestra, las normas del racionalismo moderno, centrado en el minimalismo y opuesto a la exhuberancia de formas y colores que encontramos en la naturaleza.

En este sentido, nuevos avances técnicos influyeron en la evolución del diseño de los 60, con la aparición de materiales sintéticos como la fibra de vidrio, el poliéster o el polietileno, que facilitaron la libertad creativa en la configuración de las formas de los objetos.

Por otro lado, tras el diseño orgánico, en la muestra del Museo de Artes Decorativas podemos observar tres ejemplos relevantes de sistemas de moldeo en diseño industrial.

El primero, emblemático para la ciudad de Barcelona, es el molde de la baldosa hidráulica para el interior de la Pedrera, edificio clave en la trayectoria de Gaudí. Fue realizado en 1906 por la empresa catalana Escofet 1886, pionera en el moldeo del hormigón y la piedra artificial.

Molde de las baldosas del suelo de La Pedrera, 1906.

En segundo lugar, se muestra la técnica para el moldeo de la cerámica, con ejemplos de diversos moldes en yeso utilizados en la actualidad para fabricar sanitarios. Estos moldes permiten crear hasta 100 unidades antes de ser desechados y, actualmente, su proceso de fabricación, en parte manual, se está substituyendo por sistemas robóticos totalmente automatizados.

Por último, la exposición muestra otro sistema de moldeo relevante pero que hoy es muy criticado por las dificultades que supone para el reciclaje. Se trata de sillas realizadas cubriendo una estructura metálica con poliuretano (material que se convierte en espuma al añadirle oxígeno).

Más allá de los ejemplos, en definitiva, la muestra del Museo de Artes Decorativas permite ver de cerca piezas claves en la historia del diseño de objeto e industrial y da una buena idea de la importancia que tiene algo tan inasible pero, a la vez, presente como el vacío; idea que costó siglos asimilar.

Además, el recorrido de la muestra hace evidente la conexión ineludible que existe entre el diseño, el arte, la ciencia y el pensamiento de cada sociedad y momento histórico.

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